De Schlöndorff o ¿Porque nos sigue prendiendo el no tan Nuevo Cine Alemán?

Te piden escribir sobre la visita de Volker Schlöndorff al Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Abres Google, escribes “Volker Schlöndorff Mexico” y te aparecen cientos de sitios con información básica, superficial y repetitiva sobre el encuentro del cineasta con el país. Que si lo homenajearon con la medalla de la filmoteca (hecha con plata reconstituida a partir de desechos de negativo), que si esta contento con llevarse un pedazo de México consigo, que siente una especial relación y fascinación con el país (cosa que dicen todos los extranjeros reconocidos que llegan a México; me pregunto si dicen lo mismo en cada país que visitan o si de plano a los mexicanos nos encanta que nos hagan la barba), que cuenta esta anécdota sobre tal actriz, que cuenta esta otra sobre su vida personal. Al final sientes que no leíste veintitantos artículos sino uno tan largo como el sexenio de Calderón y más repetitivo que los nuevos episodios de Dr. House. Todos hablan de él, pero, ¿cuál es la verdadera razón de que nos emocione tanto su presencia?

Los miembros del Nuevo Cine Alemán (Herzog, Wenders, Fassbinder, Schlöndorff, etc), han logrado reinventarse a pesar de los años. A la fecha siguen produciendo, innovando y lo más importante, cautivando audiencias; caso contrario de lo que le sucedió a cineastas de la misma generación de otras partes del mundo, como la Nueva Ola francesa, en donde los años arrinconaron su cine en un reducido grupo de espectadores. Los jóvenes cineastas franceses aspiraban a un cine de autor que alzara la figura del director a través de referencias intertextuales, innovaciones formales y la independencia del sistema de los grandes estudios. El Nuevo Cine Alemán fue un grupo cuyos intereses cinematográficos poco tenían que ver con aspiraciones autorales; mas bien sus intereses eran de un carácter personal, comprometidos con lo que vivían en una Alemania dividida y devastada por la guerra; buscaron la comunión entre humanos en medio de un estado de opresión, claro sin caer en un cine político. Dice Schlöndorff: “En mis películas trato de hacer algo universal para la aldea global y no va sólo a un tema particular. Siempre intenté hacer cine para adaptarme a cualquier persona y eso infiere en un sitio mayor”.

La represión ha sido un tema constante en el cine de Schlöndorff: El tambor de hojalata, Tiro de gracia, El honor perdido de Katharina Blum o su ópera prima El joven Törless. Su cine, más allá de una denuncia, retrata la forma en la que descubrimos nuestra verdadera naturaleza cuando las circunstancias nos llevan al límite. Recordemos a Oscar, de El tambor de hojalata, quien queriendo evadir los problemas y amarguras de la adultez, arroja su cuerpo por unas escaleras para quedarse enano y niño por siempre. Sin embargo los años, la guerra, sus miedos y su egoísmo terminan por demostrarle a Oscar que se ha convertido en lo que el siempre despreció.

Su cine retrata situaciones y personajes en el límite. Nuestro país esta en ese límite, nosotros estamos llegando al borde. Por eso nos emociona tanto su llegada, por eso sus películas nos remueven las tripas, por eso lo premiamos, por eso nos emociona su empatía con México. Alguna vez Schlöndorff mencionó que gustaba de realizar sus películas en contextos bélicos porque no hay historias ni personajes como los que se dan ahí. Estoy seguro de que si se diera un paseo por algunas ciudades del país encontraría a más de alguno de sus personajes caminando por la calle, tocando el acordeón en lugar de un tambor.